¡110 campistas escucharon el evangelio la semana pasada!

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Era la tarde del viernes, y M. estaba sentado en su tipi con su monitor sin parar de hacerle preguntas sobre Jesús. Aquella semana había experimentado por primera vez el amor incondicional, y estaba listo para recibirlo.

Su monitor lo animó a orar, y allí mismo M. entregó su vida a Jesús y decidió seguirlo. ¡Al instante, se dio la vuelta, buscando algo por encima de sus hombros! Su monitor, extrañado, le preguntó: “¿Qué te pasa?” a lo que M. contestó: “¡No lo sé, siento como si me acabaran de quitar un peso que no sabía que tenía sobre mis hombros! ¿Es esto el amor de Dios del que lleváis toda la semana hablando?”

A las pocas horas, M. ya estaba explicándoles al resto del tipi su decisión, y animándoles también a seguir a Jesús. Aquella misma noche, ¡muchos más jóvenes aceptaron seguir a Jesús y muchísimas vidas fueron transformadas!

De nuevo, estos chicos y chicas vuelven ahora a sus casas donde nadie más sigue a Jesús, y donde no tienen una comunidad que les apoye. Nuestro mayor reto ahora es mantener el contacto y conectarlos a una iglesia sana.

Acompáñanos ahora en oración por todos los chicos y chicas que han pasado por nuestros campamentos este último mes. Que las semillas que han sido plantadas y las decisiones tomadas sigan creciendo, y que podamos mantener el contacto con ellos/as durante todo el curso que viene.

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